Mitos y
Leyendas
Montañas que protegen, lagunas sagradas y seres ancestrales forman parte de la memoria cultural del pueblo Cañari.
Explorar las historias ↓El paisaje también cuenta historias
Para las comunidades Cañaris, los cerros, el agua y los animales no son simples elementos del paisaje. Son guardianes, lugares de origen y símbolos que mantienen viva la relación entre las personas, la naturaleza y sus antepasados.
Los cerros Kari Atar y Warmi Atar
En Gulanza, cantón Biblián, se levantan dos cerros que la tradición reconoce como una pareja: Kari Atar, de figura más grande y fuerte, y Warmi Atar, de formas más pequeñas y armoniosas.
Los mayores cuentan que ambos protegen a la comunidad. Cuidan los cultivos frente a heladas y plagas y procuran que las familias tengan lo necesario. Cuando los animales del cerro son cazados, los guardianes los conducen de regreso durante la noche.
Al pie de Kari Atar existe una laguna a la que la población acude cada 3 de mayo. Allí realizan un baño simbólico para dejar las energías negativas y recibir las positivas. Se atribuye a sus aguas una pureza especial.
También se dice que los cerros recorren montañas vecinas. A las personas de buen corazón pueden mostrarles sus riquezas interiores: mazorcas doradas, flores, plumas de colores y piedras preciosas. Al despedirse, les entregan una mazorca de oro como recuerdo.
La laguna de Culebrillas
La tradición sitúa cerca de Culebrillas, en Caguanapamba, una extensa planicie considerada sagrada. Allí habitaban comunidades Cañaris que habían levantado templos, ciudades y edificaciones monumentales. En ese escenario se celebraban ceremonias dedicadas a la Pachamama y a Tayta Sol.
Con la llegada de los incas se produjo una alianza y un nuevo asentamiento. Sus conocimientos de arquitectura, su lengua y sus prácticas culturales se incorporaron a la grandeza del lugar.
Más tarde, un chasqui anunció la proximidad de los españoles. Ante el temor de perder su patrimonio, Cañaris e incas reunieron sus bienes en el centro de la planicie y construyeron canales a su alrededor. El agua cubrió el espacio y habría dado origen a la laguna de Culebrillas.
La leyenda afirma que bajo sus aguas quedaron protegidos no solo objetos valiosos, sino también la memoria y la cultura. Algunas noches, los habitantes dicen percibir destellos dorados, voces lejanas y el sonido melancólico de un rondador.
Tayta Buerán y Mama Zhinzhona
En Quinoapata, Tayta Buerán es reconocido como un lugar sagrado y protector. La lluvia que llega a sus tierras sostiene la vida de las familias, los animales y las siembras.
La tradición le atribuye una forma humana: un hombre pequeño, de cabello claro, vestido con pantalón, poncho y sombrero blanco con detalles oscuros. Lleva un adorno de oro y solo se deja ver por personas consideradas bondadosas. A ellas puede invitarlas a su casa en el interior del cerro, donde guarda alimentos, papas, plantas medicinales y otros bienes.
Su compañera es Mama Zhinzhona. Cuando existe desacuerdo entre ambos, la neblina y el viento frío anuncian la tristeza de Tayta Buerán. Él recorre los alrededores, mientras ella permanece en su cerro. Las lagunas cercanas son descritas como celosas y de carácter fuerte.
Antes de sembrar, desyerbar o cosechar, la comunidad pide permiso al Tayta. Si lo concede, la cementera prospera; si no, una helada puede afectar la producción. Esta práctica expresa respeto por la montaña y por los ciclos naturales.
Urku Tayta
En Caguanapamba se recuerda una antigua ruta que conectaba Chimborazo con Ingapirca. Los viajeros avanzaban a pie, bajo la mirada de los cerros, mientras cuidaban las mulas cargadas con productos.
En una de esas travesías, una joven se separó de la caravana y no volvió. Su esposo la buscó durante varias jornadas. En sueños, ella le comunicó que Urku Tayta la retenía y le indicó que debía acudir de noche a la orilla de la laguna de Zhunzhay para rescatarla.
El viajero siguió las señales recibidas y logró recuperar a su esposa. La narración continúa vinculando a la pareja, a su descendencia y a distintos lugares del territorio, mostrando a Urku Tayta como una presencia poderosa que interviene en el destino de quienes recorren la montaña.
Origen del pueblo Cañari
Una antigua tradición relata que una gran inundación cubrió la tierra de Cañaribamba. Solo dos hermanos lograron salvarse en la cumbre del cerro Huacayñán, cuyo nombre se interpreta como “camino del llanto”. Según el relato, mientras subía el agua, también se elevaba el cerro que los protegía.
Después de la inundación, los hermanos salían en busca de alimento. Al regresar a la cueva encontraban comida preparada, aunque ignoraban quién la dejaba. Para descubrir el misterio, uno de ellos permaneció oculto y vio entrar a dos guacamayas con apariencia femenina.
Tras varios intentos, el hermano menor consiguió encontrarse con una de ellas. De esta unión nacieron seis hijos —tres mujeres y tres hombres— considerados antepasados del pueblo Cañari. Las aves también entregaron semillas para sembrar y cultivar la tierra.
Origen de la serpiente
Otra tradición de origen está relacionada con la laguna de Culebrillas. De sus aguas habría emergido una serpiente que dejó dos huevos. De ellos nacieron una mujer y un hombre, considerados antepasados de la población Cañari. La serpiente regresó finalmente a la misma laguna.
Por esta razón, Culebrillas fue reconocida como espacio sagrado de la Confederación Cañari. En determinadas épocas se realizaban ceremonias y se entregaban piezas de cerámica, objetos de oro y plata y concha Spondylus, material de gran importancia en los pueblos andinos.
La laguna era llamada “Leoquina”, expresión interpretada como “laguna de culebra”. Forma parte de un sistema de lagunas originado por el deshielo de antiguas masas glaciares, proceso que también favoreció los bosques andinos alrededor de ríos y lagunas.
Las investigaciones arqueológicas registraron en el área un graderío que se interna en el agua, un andén de piedra labrada y cimientos de una construcción ceremonial, evidencias de la importancia histórica del sitio.
